En lo emocional y mental, la lectura funciona como un santuario de terapia. Sumergirse en relatos ayuda a disminuir el estrés y la ansiedad, dado que dirige la atención hacia universos ficticios o puntos de vista distintos. Las investigaciones indican que incluso unos minutos diarios de lectura reducen los niveles de cortisol. Igualmente, la lectura de obras de ficción promueve la empatía, al mostrar al lector diferentes vivencias, culturas y sentimientos, lo que incrementa su habilidad para comprender y establecer conexiones con los demás (Delgado Intriago, 2022).
En lo social, la lectura fomenta la tolerancia y la conversación. Al examinar relatos de diversas eras, comunidades o colectivos excluidos, se retan prejuicios y se forja una perspectiva más inclusiva del mundo. No solo potencia las conversaciones diarias, sino que también potencia capacidades sociales, como la escucha atenta y el razonamiento lógico (Charrón del Río, 2022).
Como instrumento de aprendizaje constante, los libros representan fuentes de conocimiento inagotables. Desde manuales técnicos hasta ensayos filosóficos, facilitan el aprendizaje de habilidades prácticas o la exploración de temas de interés sin restricciones geográficas o temporales. Este hábito también evita el declive cognitivo vinculado a la ancianidad, preservando la mente inquieta y curiosa (Charrón del Río, 2022).

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